La trenza.

Es cierto que un día renegué de las trenzas, sí. Susana siempre me lo recuerda y yo me trago mis palabras cada vez. Ahora no puedo vivir sin ellas.

Me imagino que ésta que os muestro hoy ya la habréis visto en multitud de blogs, pero yo aún no os la había enseñado. Permitidme presumir un poquitín, pero es que, gracias a María y su confianza en mí, conseguimos un trabajo perfecto: adaptar la trenza a su imagen sin que se moviera un sólo pelo hasta el final de la fiesta.

Además de la trenza y el maquillaje que, como digo siempre, me encanta que pasen desapercibidos,  la corona de Le Touquet me ayudó a dejarla así de guapa. Se ajustaba perfectamente a su cabeza y era ligerísima.

El vestido, de Sole Alonso, una preciosidad.